50 kilos de amapolas

Cuando era pequeña vivía en Pecharromán, un pueblo rural de la provincia de Segovia, donde vivíamos unos 50 vecinos. Además de recoger la cebada, el trigo, el centeno, las patatas, los garbanzos y de hacer las tareas de la casa, cuidábamos animales. Yo iba al campo a coger las amapolas para el ganado, para los conejos, las gallinas o las vacas, no eran para decorar ni nada, eran para que comieran los animales.
Íbamos en primavera en el mes de mayo o junio, cuando ya están los trigos muy verdes y sale la espiga del trigo y las amapolas. Éramos nosotras jóvenes, a veces iba a buscarlas con las chicas del pueblo y a veces sola. Lo pasábamos muy bien cuando íbamos juntas. Cogíamos sacos grandes de unos 50 kilos de amapolas que abultaban más de lo que pesaban, claro.