De Granada a Barcelona

Cuando tenía 27 años, mi marido me dijo que encontraríamos una vida mejor en Barcelona. Él se vino la primera vez solo, y en diciembre del año 62 ya nos subimos los dos con nuestro hijo en el tren para Barcelona. La despedida fue dura, mi madre no quería que me fuera tan lejos con el niño tan pequeño.

He cosido la casa de mi pueblo, la casa de mis padres, donde yo me he criado y donde viví hasta que me casé y me fui a la casa de mis suegros a vivir. Cuando tuve que empaquetar las cosas porque me venía a Barcelona, mi madre se vino dos o tres días a casa de mis suegros para ayudarme a preparar las cosas y a dejarme todo lo mío recogido.

Éste es el pico más alto de Granada, que está siempre nevado, hasta en el verano hay nieve. Aquí está el árbol que había en la esquina de la casa, una acacia, y esto es el camino que va al apeadero por donde yo, junto a mi marido y mi hijo, caminaba para coger el tren. Tardamos 26 o 28 horas en llegar a Barcelona, entonces el tren venía a tope de gente que emigraba de todos los sitios de Andalucía. Cuando llegamos a la una de la mañana estaba todo nevado, aquellas navidades había nevado mucho.

Cuando recuerdo mi tierra me emociono mucho, me acuerdo de mi familia, mis hermanas, mis padres, que ya no viven. Mi marido y mis suegros están enterrados en Barcelona, esperándome a mí.