Recuerdos de trabajo y guerra

Cuando era pequeña y de noche nos juntábamos alrededor de la mesa, mi padre contaba las historias que vivió en la guerra civil española. Lo metieron en un campo de concentración por error. Buscaban a un hombre que se llamaba igual que él.
Nos contaba como a media noche sentía los cerrojos de las celdas y cómo sabían que al que se llevaban no volvía más, lo llevaban al campo y lo fusilaban. Mi padre tenía miedo. Estuvo dos años en rejas, trabajando en el campo sin comida. Nos dijo que hasta se le cayó el pelo y la dentadura.
Pero tuvo la suerte que cogieron al que era y mi padre quedó libre. Mi madre trabajaba en el Porvenir con un militar, a quien le explicó la situación. Estuvieron investigando y vieron que los apellidos de mis abuelos no coincidían con los apellidos de los padres del otro hombre que buscaban, y ésa fue la salvación de mi padre.
Esto ocurrió en Andalucía, Sevilla, donde yo nací, en el barrio de Triana. Nunca fui a la escuela y desde pequeña he estado trabajando. Recuerdo que a los 12 años trabajé empapelando naranjas para mandarlas al extranjero. Cuando no empapelábamos nos ponían a descascarar las naranjas agrias, que poníamos en las cañas para que se tostarán al sol. Con eso hacían la pólvora. Me pagaban una miseria, no llegaba a las mil pesetas a la semana.